Edafología. Ciencias Ambientales

Lección 5 Propiedades del suelo. Propiedades físicas. Dinámica del agua.

El agua se desplaza por el suelo con una serie de movimientos que, en líneas generales, podemos considerarlos como descendentes y ascendentes. Para los primeros utiliza los poros de mayor tamaño, en general superiores a 8 mm y con preferencia los que superan las 30 mm. Los movimientos ascendentes se realizan por capilaridad y el tamaño necesario está por debajo del mínimo para los descendentes.

Por esta razón el nivel de humedad del suelo varía de unos puntos a otros y su distribución espacial es lo que se conoce como "perfil hídrico", cuya forma se va modificando continuamente si bien existen algunos modelos relacionados con las diferentes estaciones del año.

Al final del verano, en nuestras condiciones climáticas, la mayor parte del suelo se encuentra en el punto de marchitamiento, a excepción de los primeros centímetros, que están completamente secos, y la parte más baja del perfil, a la que no llegan las raíces, que puede estar a su capacidad de retención, indicada en las figuras por CC.

Cuando se inicia el periodo de lluvias la parte superior del suelo absorbe la mayor parte del agua que recibe y alcanza su capacidad de campo (CR en las figuras), mientras que el resto del suelo permanece en su estado anterior. Si observamos un perfil de suelo en estas condiciones diferenciariamos en él una parte completamente húmeda y el resto seco. A medida que avanza el tiempo, el agua va discurriendo por los poros gruesos y la línea divisoria entre la parte húmeda y la seca va descendiendo conforme va aumentando la zona húmeda. Esa línea de separación entre ambas zonas del suelo es lo que se conoce como "frente de humectación" que, en los suelos de textura equilibrada y bien estructurados, es una línea sensiblemente recta; pero en cuando existen estructuras muy gruesas con agregados poco permeables, el agua circula preferentemente por las grietas de separación de los agregados hasta que el hinchamiento de estos las va cerrando.

 

Puede ocurrir que exista una fuerte heterogeneidad en el perfil que se manifieste por la existencia de "líneas preferentes de flujo" que hacen que el frente de humectación tome una forma muy quebrada, lo cual suele manifestarse por la presencia de límites irregulares entre los horizontes con fuertes penetraciones de unos en otros.

A lo largo de la estación lluviosa el suelo, tras pasar cortos periodos a su capacidad máxima, se va situando a su capacidad de campo, excepto la parte superficial que baja hasta su capacidad de retención.

 

Al iniciarse la estación seca, se va perdiendo agua superficial por evaporación, quedando la parte superior a su punto de marchitamiento, mientras tanto se va produciendo un ascenso por capilaridad que va dejando la mayor parte del perfil a su capacidad de retención. Este prosigue hasta llegar a la época más cálida en que la velocidad de ascenso no es suficiente para abastecer la intensa evaporación y se produce la ruptura del lazo capilar. A partir de ese momento el suelo deja de perder agua por evaporación y permenece su práctica totalidad a su capacidad de retención.

Las plantas van tomando este agua y transpirandola hasta que el suelo llega a su punto de marchitamiento en la zona de absorción y a su capacidad de retención de ahí en adelante. Cuando toda el agua utilizable desaparece de la zona de influencia de las raíces, las plantas mueren y el suelo vuelve a su estado inicial a la espera de la llegada de la estación húmeda.

En el caso de las plantas arbóreas, su capacidad de exploración es mucho mayor y, usualmente, no consiguen absorber toda el agua almacenada aunque provocan una desecación más profunda del suelo. Ellas consiguen sobrevivir dada la adaptación que tienen con el suelo y con su capacidad de almacenamiento de agua. En las zonas más áridas la vegetación arbórea es muy escasa para conseguir que cada planta tenga el suficiente volumen de suelo para explorar y conseguir agua, agotandose más pronto la vegetación herbácea que no puede competir con el sistema radicular de los árboles.

De todo lo anterior deducimos que existe un movimiento continuo de la fase líquida del suelo promovido por las continuas entradas y salidas de agua en el sistema. Para evaluar la importancia de estas variaciones es conveniente realizar un correcto balance de ellas, lo que conocemos como :

Balance hídrico.

 

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Actualizada 13/4/05