Edafología. Ciencias Ambientales

Lección 6. El suelo como hábitat. Biología del suelo.

La formación de un suelo a partir de la roca madre implica un conjunto de transformaciones físicas, químicas y biológicas enormes. Entre estas transformaciones, las de carácter biológico adquieren por su importancia y complejidad un papel trascendental. En efecto, los seres vivos, tanto vegetales como animales superiores e inferiores y microorganismos en general, condicionan el aporte de materia orgánica, sin la cual los detritus minerales producidos por la desintegración fisicoquímica de las rocas solo representarían un sustrato estéril, incapaz de sostener formas de vida organizada.

Así pues, el suelo no debe entenderse solamente como un medio de cultivo ideal del cual los vegetales superiores extraen el alimento y sostén, sino también como un complejo sistema de vida en equilibrio, con abundantes formas vegetales y animales de tamaño y actividad muy diversos. Por tanto, al hablar de suelo debe entenderse algo vivo que da la vida a los propios organismos que lo pueblan. Sobre las manifestaciones de esta vida en el suelo, cabe decir que el suelo respira, asimila y desasimila, constituye auténticas reservas como el humus, de naturaleza compleja y mal conocida, que después, lentamente, vuelve a utilizar degradándolas y poniéndolas de nuevo a disposición de las plantas en forma asimilable.

Para conseguir esto, el suelo se sirve de verdaderos “órganos", a los que confía las diversas reacciones biológicas indispensables para el mantenimiento de la vida. Esos “órganos" son grupos de organismos causantes de los fenómenos metabólicos, en diversa medida y a diferentes niveles, a que se ven sometidas las sustancias organices e inorgánicas. Para facilitar su estudio, estos fenómenos son generalmente ordenados en ciclos; así se habla del ciclo del nitrógeno, del ciclo del carbono, etc., entendiendo por ello la cadena de importantes transformaciones que experimentan los compuestos orgánicos en el suelo antes de alcanzar formas minerales utilizables por las plantas.

A continuación veremos cuales son y cual es el modo más conveniente para agrupar las múltiples y diversas formas de vida que habitan en el suelo. Inicialmente se puede hacer una división a grandes rasgos en macroorganismos y microorganismos, incluyendo tanto en un grupo como en el otro, formas de vida animal y vegetal.

Al grupo de los macroorganismos, además de las raíces de las plantas, pertenecen en el reino animal: moluscos, miriápodos, insectos, ácaros, nematodos y lumbrícidos fundamentalmente; al grupo de los microorganismos pertenecen: bacterias, actinomicetos, hongos, algas y protozoos. Sin embargo, corresponde a los microorganismos el predominio en dichos fenómenos, tanto cuantitativa por su número, como cualitativa por las importantes funciones que asumen y entre aquellos destacan los pertenecientes al reino vegetal. No obstante, no se debe infravalorar la importante función desarrollada por los organismos animales, especialmente en los primeras fases de descomposición de la materia orgánica. En efecto, si bien las bacterias, los actinomicetos, los hongos y las algas son los organismos que actúan directamente en la destrucción de la materia orgánica, en la síntesis y en la mineralización de los compuestos húmicos, en la fijación de nitrógeno y en otros procesos de vital importancia, los lumbrícidos, los ácaros y los insectos intervienen en transformaciones de carácter químico ligadas a sus procesos de digestión, además de en la estructura física de los horizontes edáficos, que afecta a la aireación, drenaje y mezcla de ellos.

Dentro de la población viva del suelo distinguiremos la compuesta por seres pertenecientes al reino animal y de tamaño no microscópico de la que corresponde a organismos microscópicos pues su función está claramente diferenciada, en estos incluimos a elementos pertenecientes a diferentes reinos, de modo que habrá que instituir la república edáfica.

Fauna del suelo

Microbiología del suelo

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A Lección 6

Actualizada 19/2/06