Gestión y conservación del suelo.

Lección 1. ¿Como conservarlo?

El informe elaborado en 1991 por el "Global Assessmente of Soil Degradation" (GLASOD,) nos muestra que en el mundo existen 1961 millones de has de suelo afectadas por la degradación producida por la intervención humana, de los 2300 millones de has de suelo disponibles.

Las principales causas de esta degradación son:

Deforestación y explotación de bosques (574Mha)

Sobrepastoreo (679Mha)

Manejo incorrecto de suelos agrícolas (552Mha)

Sobreexplotación de la vegetación para usos domésticos (133Mha)

Actividades industriales (23Mha).

Esta aproximación indica que el 46% de los suelos de cultivo soportan una degradación moderada, para el 15% es muy importante, y un 9% se encuentran completamente degradados como consecuencia de las acciones antrópicas.

La erosión del suelo es el proceso que afecta al mayor número de hectáreas, representando el 83,6% de toda la degradación. Dentro de este proceso es la erosión hídrica el fenómeno más importante con un 55,7%.

La sola observación de los datos anteriores es suficiente para comprender la necesidad de la conservación del suelo. El problema radica en ¿como hacerlo?

Si atendemos a las causas principales, las dos primeras solo pueden atenuarse corrigiendo el afán depredador humano, no se trata de no explotar los bosques o los pastos, sino de hacerlo en la medida en que pueda ser regenerada la vegetación a un ritmo semejante al de su uso; hemos de volver a convertir estos recursos en renovables. Solo evitando la permanencia de suelo desnudo podemos impedir su erosión desmedida.

Las deforestaciones fueron necesarias en algunos momentos históricos por la necesidad de poner en cultivo nuevas tierras, dado el incremento de la población y el escaso nivel tecnológico existente que conllevaba una baja productividad. En la actualidad, predomina la sobreexplotación maderera que suele llevarse a cabo por países diferentes de los poseedores del recurso a los que no afecta económicamente la destrucción consecuente. Sin olvidar las destrucciones causadas por conflictos bélicos. Todas estas acciones son evitables si adquirimos conciencia de la importancia de las masas forestales y de su sustrato, pues en la mayoría de los casos no puede recuperarse la vegetación inicial por la desaparición o fuerte modificación del suelo que la soportaba.

El sobrepastoreo es una consecuencia de la desaparición de extensas áreas de pasto y en otras ocasiones de una equívoca política de conservación animal. También existe un sobrepastoreo local producido en zonas en que la carga ganadera es correcta pero no lo es la distribución del ganado, que se concentra en las cercanías de los rediles o de los poblados, esquilmando esa zona antes de utilizar las más distantes. El sobrepastoreo genera una fuerte degradación física causada por la compactación del suelo, provocada por el pisoteo del ganado y agravada al eliminar la elasticidad superficial que comunica una cubierta herbácea abundante.

La degradación por el uso incorrecto del suelo puede parecer pequeña porque solo representa algo más del 25 % de la superficie total degradada. Ahora bien, si tenemos en cuenta que los suelos dedicados al cultivo son los más fértiles potencialmente, el problema es mucho más importante de lo que el análisis cuantitativo de la superficie afectada parece ofrecer.

No podemos prescindir del cultivo pues ello sería renunciar a uno de los recursos naturales más importantes que poseemos, pero si podemos utilizar técnicas que permitan evitar los efectos perjudiciales de aquel. Baste, como ejemplo, citar algunas prácticas agrícolas muy simples que reducen de forma muy importante los riesgos erosivos.

Las labores realizadas en dirección perpendicular a la línea de máxima pendiente reduce el riesgo de erosión a un 50 %. Todo lo contrario de lo que aparece en la figura, que curiosamente aparece en un folleto divulgativo sobre la prevención de la erosión con formas alternativas de cultivo. Un descuido lo tiene cualquiera...

La intercalación de fajas herbáceas permanentes o setos arbolados entre las parcelas cultivadas deja el riesgo erosivo en un 25 % del inicial.

Las labores de aterrazamiento en una ladera dejan en el 10 % el riesgo y las de abancalamiento impiden la erosión en el bancal.

En las zonas fuertemente afectadas por la erosión la única solución consiste en suprimir el cultivo y darles otro uso, como puede ser dedicarles a pastos con una suave carga ganadera. La cubierta herbácea permanente tiene un riesgo 50 veces menor que el cultivo de cereal y si ésta es densa su riesgo llega a ser 100 veces menor.

 

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A Lección 1
Actualizada 15/10/04