Gestión y conservación del suelo.

Lección 1. Gestión y Conservación.

Antes que nada conviene revisar los conceptos que definen esta materia. El concepto de suelo, a estas alturas debemos tenerlo bien claro, por ello solo vamos a detenernos en los de Gestión y Conservación.

Gestión.

Acción de llevar a cabo las acciones necesarias para lograr un determinado objetivo.

En el caso del suelo, una buena gestión, sería la de procurar utilizarlo para aquello que está más capacitado, dentro de las múltiples necesidades que tenemos de él.

Para poder llevarla a cabo es necesario realizar previamente un exhaustivo estudio de la capacidad de uso.

De esta manera, los suelos encuadrados en la máxima categoría, deberían ser destinados, en lo posible para fines agrícolas, instalando sobre ellos solo aquellas infraestructuras que fuesen absolutamente imprescindibles.

Si hemos de ubicar en ellos poblaciones, siempre se ha de buscar, si es posible, un área cercana donde la calidad sea inferior y en el caso del crecimiento urbano, siempre debe procurarse que la expansión se realice hacia las áreas de menor capacidad de utilización.

 

También es necesario utilizar una parte del suelo para pastos en las zonas ganaderas o para uso forestal. Es conveniente destinar para estos usos las áreas con suelos no aptos para el cultivo pero adecuados a las utilizaciones citadas.

En ocasiones, cuando las necesidades de cultivo no sean muy grandes, puede ser conveniente destinar a pradera o bosque los suelos de cultivo con capacidad baja. La necesidad de zonas permanentemente verdes es esencial para restablecer el equilibrio atmosférico y el hídrico en el caso del arbolado. Este último aspecto es esencial en las zonas de clima xérico como el mediterráneo.

Es indispensable también incrementar las zonas libres de cultivo, incluso sobre suelos que pudieran ser aptos, aunque no de Clase I, cuando exista una excesiva concentración de industrias o en las grandes urbes, ya que los desprendimientos de gases extraños puede llegar a ser muy elevada y, en cualquier caso, la liberación de dióxido de carbono será muy alta.

Siempre habrá que dedicar una superficie adecuada a espacios naturales en los que no exista aprovechamiento de ningún tipo, como reserva natural y para expansión. Estos se ubicarán preferentemente en zonas cuya capacidad de utilización sea baja o nula pero, si es necesario, se debe sacrificar alguna zona utilizable pero de baja capacidad.

Es necesario encontrar un equilibrio entre las necesidades materiales y otras que si no otorgan bienes de consumo sí acrecientan la calidad de vida, es un poco aquello que no solo de pan vive el hombre. Para ello es necesaria una adecuada política de ordenación del territorio que impida la depredación del capital sobre los bienes sociales. Una Comunidad no solo va bien cuando su riqueza es elevada sino cuando la calidad de vida de sus habitantes es la máxima posible con los recursos con los que cuenta. Ya los países de capitalismo más fuerte, como los Estados Unidos de América se van preguntando algo muy significativo, ¿cómo el país más rico del mundo no es el que tiene a los ciudadanos más felices?

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Conservación.

Es la acción de preservar algo, mantener su calidad y evitar su destrucción.

La conservación del suelo implica mantener su fertilidad, evitar su degradación, incluyendo en ella a la contaminación, y procurar atenuar, en lo posible y nunca acelerar, su pérdida por erosión.

La utilización de cualquier tipo de recurso implica siempre una cierta agresión al mismo. No obstante, los recursos naturales tiene una cierta capacidad de regeneración, por ello su utilización no debe implicar necesariamente una destrucción, degradación o desaparición de los mismos.

Posiblemente la práctica más antigua en el manejo del suelo sea el riego. Los terrenos irrigados desde antiguo presentan un enterramiento por finas capas de material transportado por el agua que, en ocasiones, pueden superar los 50 cm de espesor, de modo que sobre ellos se asienta el cultivo, se produce una modificación del suelo que lo convierte en un Antrosol; si bien, en muchos casos, no tiene más transcendencia que la de atenuar el contenido orgánico en esa nueva capa creada, pero este efecto es consustancial al cultivo, pues no hay mas que observar el color de los terrenos cultivados para comprobar que dista mucho de ese tono oscuro que comunica la acumulación de material orgánico en los suelos vírgenes.

El agua también lleva sustancias disueltas que, tras su evaporación, deposita en el suelo incrementando su nivel de sales, pudiendo llegar a constituir un problema para algunos cultivos, lo que constituye una degradación del suelo; esto puede resolverse con la utilización de mayor cantidad de agua que permita el lavado y arrastre de esas sales.

En cualquier caso estamos modificando el clima del suelo, haciéndolo más húmedo y con mayor exceso de agua, por lo que su evolución se modifica, pudiendo llegar a iniciarse un proceso de ilimerización condicionado por ese nuevo estado. Ello modifica la morfología, el tipo y el comportamiento del suelo, mas el sentido de esta modificación no tiene por que ser perjudicial.

Al eliminar un factor limitante para el crecimiento vegetal, éste se incrementa al tiempo que la demanda de nutrientes, que se constituyen entonces en el nuevo factor limitante. Si el problema se resuelve a expensas de los nutrientes de reserva del suelo se va provocando un degradación del mismo hasta llegar a perder su fertilidad inicial. La solución está en la adición de abonos que compensen las perdidas, pero estos no son sustancias puras y aportan al suelo elementos extraños que pueden ser nocivos para él, para la vegetación o para ambos.

Al compensar los déficits nutritivo e hídrico, el crecimiento es más rápido, el porte mayor y también la debilidad de las membranas celulares, por un menor aporte de calcio consecuente con el desequilibrio provocado en la relación existente entre los diferentes cationes. También en aquellas plantas, como los cereales, que presentan recubrimientos silíceos en su tallo que les sirven de protección y fortalecimiento de los mismos, se produce una menor acumulación.

Todo ello favorece la invasión por parte de los microorganismos y la mayor agresión de los parásitos. Para evitar la disminución de la producción provocada por estos efectos se hace necesaria la aplicación de insecticidas y fungicidas. Pero ese mejor ambiente creado para el crecimiento de la planta cultivada, es aprovechado también por la vegetación adventicia a la que se elimina con herbicidas.

El suelo se defiende de todas esas sustancias extrañas fijándolas o destruyéndolas con la ayuda de su microflora, pero la acción de ésta es limitada y si se sobrepasan las dosis aplicadas se provoca una acumulación, que en parte es lavada, con la consecuente contaminación de las aguas freáticas.

Cuando todo se realiza de forma conveniente, utilizando las dosis adecuadas y respetando los plazos de permanencia de los productos añadidos antes de consumir los frutos cosechados, los daños ocasionados a las personas y al ambiente en general pueden llegar a ser insignificantes e inferiores a los beneficios obtenidos. Mas si no obramos de forma correcta los daños producidos son incalculables, siendo estas malas prácticas contra las que hay que luchar si no queremos que se produzca una degradación ambiental irreparable.

Otro factor contaminante es la acumulación de sustancias de desecho, incluso cuando su naturaleza las haga susceptibles de biodegradación. En el mejor de los casos, hemos de buscarles una ubicación adecuada en suelos de muy baja permeabilidad que impidan el paso de los componentes líquidos o en solución a las aguas freáticas.

 

La erosión del suelo es un fenómeno consustancial al mismo e incluso necesario para ir provocando un rejuvenecimiento que impida el agotamiento de los minerales primarios que son la base del aporte de nutrientes minerales. Algo similar a lo que ocurre con la vegetación. Pero la naturaleza es consciente de ello y proporciona los medios para que tal suceda, provocando incendios por medio de las descargas eléctricas de las tormentas o la erupción de los volcanes, que también afectan al suelo al desprotegerlo de la cubierta vegetal y facilitar su arrastre por parte de la lluvia o el viento, e incluso modificando localmente la distribución de ambos con cambios en su intensidad. Los crecimientos y las destrucciones se encuentran en equilibrio a escala global.

El riesgo verdadero está en los procesos inducidos, como la eliminación del suelo para obtener materiales que se hallan bajo él, como graveras, canteras, minas, etc.. o la provocación de incendios forestales con fines muy variados y otros muchos de todos conocidos.

Todo esto lleva a una perdida de material que a veces es muy evidente como las grandes cárcavas y otras poco conspicua, como la erosión laminar de los terrenos llanos, que cargan los cursos de agua con grandes masas de coloides minerales y orgánicos del suelo, que para más abundar son los más activos en el mismo.

Por todo ello se hace necesario actuar en la conservación del suelo, tanto cualitativa como cuantitativamente y a ello dedicaremos nuestra atención a partir de ahora.

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A Lección 1
Actualizada 15/10/04