Gestión y conservación del suelo.

Lección 1. El suelo, un recurso natural.

El suelo es uno de los recursos que la naturaleza pone a nuestra disposición para subvenir a nuestras necesidades.

Del suelo obtenemos todos los productos de origen vegetal, algunos pueden directamente servirnos de alimento y otros permiten la alimentación de los animales, de los que no solo obtenemos nutrientes sino otra serie de productos como vestido, calzado y diversos enseres que facilitan nuestra vida.

 

Los vegetales no solo son el punto de partida de la cadena trófica sino que nos proporcionan fibras textiles, madera, resinas y un sin fin de productos de utilidad inmediata o diferida tras su transformación.

Los bosques y las masas herbáceas permiten mantener el equilibrio gaseoso de la atmósfera y los primeros contribuyen a regular el ciclo del agua en la naturaleza, favoreciendo la condensación de la humedad atmosférica y provocando la lluvia.

Todo lo que antecede no sería posible sin la existencia del suelo, que está limitado en su superficie y de la cual una parte, cada vez mayor, la hemos de dedicar a construir nuestras viviendas, las infraestructuras de transporte, las industrias e incluso a almacenar nuestros desechos. De ello podemos inferir que sin él no sería posible la vida sobre la tierra, al menos en la forma que la conocemos.

El suelo no es un cuerpo estático sino que mantiene un equilibrio dinámico con el medio que lo rodea. De modo que continuamente se está formando y destruyendo. Su destrucción está provocada por los fenómenos erosivos cuya intensidad natural es similar a la de su formación, una vez alcanzado el equilibrio y alcanzado el espesor máximo que corresponde a su situación natural. Desde este punto de vista, el suelo es un recurso natural renovable, mas la realidad es desgraciadamente diferente y en la actualidad se ha convertido en un recurso no renovable por la forma en que hemos incrementado la velocidad de destrucción mientras que la de formación permanece invariable.

La erosión natural del suelo no solo es un fenómeno consustancial con el mismo sino que es absolutamente necesario. Una vez que el suelo ha alcanzado un grado de desarrollo equilibrado con su medio se detiene la profundización del mismo, pues se detiene o atenúa muy fuertemente la alteración del material original al no existir la influencia de la materia orgánica que no alcanza esa profundidad. La vegetación que vive sobre el suelo necesita obtener de él una serie de elementos minerales, procedentes de la alteración del material original, que le son absolutamente imprescindibles. De este modo, cuando los minerales primarios se encuentran absolutamente alterados cesa el aporte de elementos nutritivos, lo que obliga a que la vegetación se vaya empobreciendo lentamente y disminuyendo el aporte de sus restos al suelo. El final sería una masa de material esteril incapaz de soportar ningún tipo de vida.

También la erosión natural del suelo permite el ensanchamiento de los valles generando amplias zonas llanas, pues la profundización y erosión superficial va desplazando la superficie en sentido perpendicular a la misma.

Con estos ejemplos pretendemos destacar que el problema no es la erosión sino el incremento en su velocidad, que provocamos con nuestra acción sobre el medio. Somos, pues, nosotros los que impedimos la renovabilidad del recurso suelo.

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Actualizada 15/10/04