Gestión y conservación del suelo.

Lección 2. Utilización de los mapas edáficos.

A lo largo del capítulo hemos venido mostrando la utilidad de la elaboración de mapas de suelos. Hemos analizado las deducciones que pueden hacerse del examen de las diferentes unidades que en ellos se establecen y de la memoria explicativa que les acompaña, pero existen algunas otras observaciones que no deben pasar desapercibidas y que se desprenden de su conjunto y no de sus partes.

La más importante de estas observaciones de conjunto es la relación que existe entre las unidades adyacentes en el mapa, sobre todo lo referente a su concordancia o discordancia.

Cuando las unidades presentes en el mapa, sobre un material original definido, presentan una secuencia evolutiva lógica y adaptada al relieve y clima de la zona, podemos hablar de que existe una concordancia entre ellas y que la evolución del paisaje ha sido natural.

De este modo en el fragmento de mapa representado se observa como las zonas mas escarpadas, en un área pizarrosa, están cubiertas por Leptosoles úmbricos, dado que los procesos erosivos son intensos por la pendiente y no permiten la evolución del suelo, a la par que se profundiza se va perdiendo la parte superior. Cuando la pendiente se atenua se incrementa el espesor del suelo aunque no se alcance la formación de un horizonte B, por lo que pasan a Umbrisoles epilépticos, hasta que se alcanza una mayor estabilidad y puede formarse un horizonte B cámbico que, con su incremento de profundidad los lleva a Umbrisoles endolépticos o a Cambisoles si se pierde la condición de Úmbrico del epipedón.

Ya en las zonas llanas, con menor pluviometría y mayor temperatura estival, que propicia una estación seca, se produce la movilización de arcilla y la formación de un horizonte B árgico, apareciendo en la zona un Acrisol por las condiciones del material original más que por las climáticas.

El único cambio brusco se debe a una modificación sustantiva del material original del fondo del valle, de origen aluvial y que genera un Fluvisol que, en algunas zonas, ha sufrido tal grado de transformación por el cultivo que hay que considerarle como Antrosol.

Todo ha seguido una secuencia evolutiva consecuente con las condiciones del medio y no parece que haya existido ninguna intervención humana importante más que el uso del suelo, que por las transformaciones producidas en el mismo denotan una gran antigüedad en su uso y una corrección en el mismo que no ha producido degradaciones del medio.

 

Este otro fragmento de mapa corresponde a una zona de pizarra sobre la que predomina el Acrisol, que fué cubierta por una raña sobre la que se desarrolla un Alisol. La presencia de estos suelos indica una gran antigüedad de la superficie. En estas condiciones resulta de gran impacto la presencia de una extensa área de Leptosol. Este suelo tan joven en una superficie antigüa solo puede deberse a un gran fenomeno erosivo reciente que ha eliminado la totalidad del suelo preexistente. Como quiera que no existen grandes pendientes que justifiquen ese grado de erosión, pues incluso la franja de Leptosol esta atravesada perpendicularmente por un curso de agua, que de tratarse de un proceso natural seguiría la dirección de la zona erosionada, como se aprecia en otro punto del mapa, es de suponer que esa fuerte erosión ha sido ocasionada por una acción humana inadecuada como puede haber sido una rápida y violenta deforestación de la zona.

De modo que de la observación de la discordancia, pueden inferirse hipótesis del proceso desencadenante de la misma, que lógicamente deben siempre comprobarse en el terreno para confirmar su veracidad.

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Actualizada 15/10/04