Gestión y conservación del suelo.

Lección 4. Contaminación del suelo. Introducción.

La contaminación del suelo no es un fenómeno actual como demuestran los trabajos de Martinez Cortizas et al. (1997) analizando los metales pesados existentes a diferentes profundidades en turberas de Galicia, cuya deposición ha sido datada.

Tomando como base los contenidos de Pb encontrados en las zonas más profundas cuya deposición data de unos 4000 años, se representan gráficamente los valores que se van encontrando. Aparece el primer pico de la gráfica a una edad cercana a los 2800 años, en plena edad del bronce; en ella, la utilización del estaño en la aleación citada, lleva consigo una importante cantidad de plomo. No es de extrañar esta presencia en la zona estudiada, las antiguas Casiterides a las que se acudía para la obtención del preciado metal.

Posteriormente aparece un promontorio más que un pico en la época del Imperio Romano, que desarrolla una gran actividad minera no solo de estaño sino directamente de plomo, del que la zona aporta casi la mitad del consumo del Imperio, que equivale a decir de todo el Occidente.

El tránsito del Imperio Romano a la dominación visigoda está representado por un valle que remonta cuando los Visigodos se asientan definitivamente. A ello sigue un valle, posiblemente debido a despoblamieno de la zona y una mayor concentración humana en el sur para frenar la invasión islámica en cuyo periodo de dominación aparece una forma dentada coincidiendo con los periodos de esplendor del reino galaico frente al astur-leonés, pues los moros anduvieron poco por estas tierras.

La concentración de esfuerzos en el sur en la última etapa de la reconquista y el predominio de castellanos y aragoneses, marca una época de poca actividad, tan poca como la pujanza industrial y cultural de los reinos cristianos.

El final de la conquista y el descubrimiento de América marcan un nuevo impulso industrial y metalúrgico ante la necesidad de barcos y armas, seguido de un tímido incremento coincidente con la naciente revolución industrial en el resto de Europa, cuyos coletazos nos llegaban tímidamente.

El máximo coincide con la implantación del petroleo como combustible preferente, el desarrollo de los motores de explosión y el consumo de gasolinas con tetraetilplomo como antidetonante, cuya supresión paulatina en los últimos años ha provocado un fuerte descenso en la contaminación.

 

La contaminación del suelo consiste en la introducción de un elemento extraño al sistema suelo o la existencia de un nivel inusual de uno propio que, por sí mismo o por su efecto sobre los restantes componentes, genera un efecto nocivo para los organismos del suelo, sus consumidores, o es susceptible de transmitirse a otros sistemas.

Existe una contaminación de origen natural y otra de origen antrópico o inducido. La contaminación natural, en general, responde al segundo criterio utilizado en la definición que es la modificación de los contenidos habituales.

Contaminación natural.

La primera causa de contaminación natural es la propia alteración mineral que da origen al suelo. Existen algunas rocas cuyo contenido en determinados elementos es especialmente alto y los suelos que sobre ellas se desarrolllan heredan esa elevada concentración. Este es el caso de algunas rocas metamórficas como las serpentinas cuyo contenido en cromo y en niquel suele ser muy alto.

Otro factor importante es el lavado, así en climas ecuatoriales o tropicales donde la alteración mineral es muy intensa, pueden ocurrir acumulaciones residuales de elementos poco móviles aun cuando el contenido inicial no fuese excesivamente elevado. En menor medida puede ocurrir en climas húmedos en los que pueden provocarse desequilibrios que conducen a toxicidad por algunos elementos como es el caso del aluminio, del hierro o del manganeso; todos ellos son habituales pero pueden alcanzar concentraciones excesivas.

La actividad volcánica cubre las áreas vecinas con sus emanaciones ya sean sólidas en forma de cenizas, o gaseosas con aportes de diversos compuestos oxidados de azufre que generan una fuerte acidez en el suelo. En este caso, más que la contaminación por el elemento aportado puede producirse otra inducida que eleva la solubilidad de algún elemento preexistente.

La atmósfera puede servir de vehiculo para la introducción de elementos extraños en el suelo bajo diferentes estados físicos. En forma sólida, el polvo proveniente de lejanas zonas puede provocar una sobreconcentración de algún elemento, o la dilución de los nutrientes presentes como es el caso de las nubes de polvo ricas en cuarzo y cuyo origen son las conocidas calimas.

En zonas costeras, los fuertes vientos generan aerosoles con diminutas gotas de agua que pueden alcanzar a extensas franjas costeras en las que elevan la salinidad. Este efecto adquiere una especial relevancia en las zonas áridas o semiáridas en las que la lluvia es insuficiente para provocar el lavado de las sales añadidas.

Por último, tenemos la contaminación gaseosa, que si bien puede considerarse inducida porque el desprendimiento de gases suele ser de origen antrópico, su distribución es natural pues no siempre se produce en el lugar en que se origina sino que puede alcanzar zonas lejanas debidas al régimen de vientos dominantes.

Contaminación antrópica.

Uno de los principales agentes contaminantes del suelo es la industria, que genera residuos sólidos que se depositan sobre los suelos vecinos y cuyo efecto suele ser reducido en el espacio pero persistente en el tiempo. Los residuos líquidos tienen un efecto más extendido en el espacio y de más difícil control, pues además de los suelos afectados directamente por ellos, al incorporarse a las aguas superficiales pueden extenderse a zonas relativamente lejanas y que utilicen esas aguas para riego. Las emisiones de polvo o gases se distribuyen por el viento y su comportamiento es similar al de la contaminación atmosférica ya comentada.

Las actividades mineras provocan en el suelo, además de su desaparicón en el área afectada que no siempre se recupera convenientemente, una contaminación en las zonas cercanas en las que se depositan gran cantidad de residuos sin valor para la explotación. Cuando la actividad extractiva está relacionada con metales pesados, materiales radiactivos o sustancias similares, nocivas para los seres vivos, la contaminación afecta a una gran superficie por el efecto de la dispersión del polvo generado por el aire. Este efecto contaminante puede alcanzar a las aguas subterráneas cuando su magnitud es grande y en función de las condiciones climáticas y la permeabilidad de los suelos afectados.

La agricultura es la actividad más contaminante para el suelo ya que afecta a grandes superficies del mismo y es la actividad principal que se desarrolla sobre él. La contaminación del suelo se efectua tanto en el manejo como en los aditivos utilizados, fertilizantes y pesticidas.

Existen otra serie de actividades en las que el efecto contaminante no es tan evidente como en las anteriores, como sucede con la caza, que deja grandes cantidades de plomo y otros metales utilizados en los cartuchos. Las áreas urbanas son otra gran fuente de contaminación por la enorme producción de residuos, así como las vías de comunicación por los gases desprendidos por los motores de explosión. En este sentido hay que tener cada vez más en cuenta el intenso tráfico aéreo que deja gran cantidad de residuos en la atmósfera y que indefectiblemente terminan en el suelo.

 

De cualquier forma en el análisis de la contaminación del suelo hemos de tener en cuenta los factores inherentes al mismo entre los cuales cabe considerar dos fundamentales:

Susceptibilidad. Es el grado de sensibilidad de un suelo concreto para un determinado agente contaminante.

Carga crítica. Es la máxima cantidad de una sustancia que el suelo puede recibir sin que aparezcan efectos nocivos, para él o para la vida que soporta.

 

Para que exista contaminación es necesario que existan agentes contaminantes, entendiendo por tales a aquellas sustancias o acciónes que producen contaminación en el suelo.

Existen una serie de características del agente contaminante que condicionan su efecto final sobre el suelo, las de mayor transcendencia son las que siguen:

Biodisponibilidad. Es la capacidad del agente contaminante para ser absorbido por los seres vivos.

En este sentido juega un importante papel el suelo, porque ofrece unas condiciones en las cuales la disponibilidad de cada agente contaminante puede variar en lo referente a solubilidad, posibilidad de ser retenido o complejado, degradado o eliminado.

También el ser vivo receptor de la acción nociva presenta una susceptibilidad diferente, por lo que la biodisponibilidad hay que enfocarla para cada receptor concreto. De este modo, un agente contaminante puede manifestar una determinada biodisponibilidad para un cierto organismo o grupo de ellos, pero como en el sistema suelo una misma función puede ser desempeñada por organismos diferentes, es posible que la funcionalidad quede garantizada y el efecto sobre el suelo no sea significativo.

Movilidad. Es la capacidad para extenderse a lo largo del suelo y hacia otros sistemas con él relacionados.

Esta característica es fundamental a la hora de determinar la magnitud del problema creado, pues por muy alta que sea la biodisponibilidad y la nocividad de un determinado agente, si su acción está localizada en el punto en que se incorpora al suelo, los efectos apenas se dejarán notar; por el contrario una sustancia o acción qua actúe en un gran volumen de suelo, aunque sus efectos sean muy pequeños, el influjo final será muy importante.

Persistencia. Es la capacidad para permanecer en el suelo sin ser neutralizado o degradado.

Esta característica marca el otro parámetro de la extensión del efecto nocivo, que es el factor tiempo. Pequeñas acciones duraderas pueden conseguir mayores efectos que grandes daños esporádicos.

 

Existen diversos tipos de agentes contaminantes cuya procedencia es muy variada. No todos son activos sino que existen otros pasivos cuyo papel principal es provocar una dilución de los elementos que proporcionan la fertilidad del suelo. Éste es el caso de las sutancias inertes que llegan al suelo procedentes de escombreras, que generalmente no contienen elementos nocivos para las plantas ni los microorganismos pero diluyen los nutrientes. En este apartado hay que incluir los depósitos de gravas de extracciones cercanas o de canteras y minas que no posean efecto contaminante por no contener restos de los minerales extraidos.

En el caso de escombros procedentes de la construcción, no son tan inocuos como pueden parecer pues contienen abundante yeso que incrementa la salinidad, aluminio, hierro y otros metales con ellos aleados que pueden alcanzar niveles tóxicos en el suelo y bajas cantidades de plomo, cadmio y cinc primordialmente procedentes de los restos de pinturas. El cemento, ladrillos, áridos y cerámicas, terminan incorporandose al suelo por un proceso de alteración mineral muy lento, que va a cambiar sus propiedades pero no necesariamente en un sentido desfavorable.

Al suelo llega también una apreciable cantidad de metales pesados procedentes de los desechos industriales, residuos domésticos y muy diversas actividades humanas. Los aportes no suelen ser importantes en algunos casos, como los residuos urbanos, pero por su continuidad en el tiempo pueden terminar ocasionando graves perturbaciones.

Un agente muy común son las lluvias ácidas que modifican el pH del suelo y pueden incrementar la concentración de elementos nocivos, presente en el suelo pero inmovilizados por insolubilización. El efecto de las lluvias ácidas es muy importante en la áreas industriales, pero se produce en todas las zonas con mayor o menor intensidad. Éstas proceden de la oxidación en la atmósfera de diversos óxidos de nitrógeno y azufre que en contacto con el agua atmósferica generan grandes cantidades de ácidos sulfúrico y nítrico preferentemente. Además de los desprendimientos industriales colaboran en este fenómeno el consumo de combustibles fósiles de los vehiculos terrestres y aéreos, así como la propia desnitrificación del suelo.

El uso del suelo conlleva, a veces, la aportación de fertilizantes de forma excesiva que también modifica las condiciones naturales del mismo, si bien el máximo grado de contaminación lo ejercen los pesticidas.

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A Lección 4
Actualizada 27/11/04